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Solano Diaz

El Gobierno Municipal que preside el Lic. Marco Antonio Novelo Osuno en el municipio de Ensenada Baja California, nombró y tomó protesta de ley a Cristina Solano Díaz como Directora del INMUJERE (Instituto Municipal de la Mujer de Ensenada).

Solano Díaz, es una Mujer Indígena, originaria del Pueblo de San Rafael, Municipio de Cochoapa El Grande, Región de la Montaña del Estado de Guerrero,  hablante de su lengua originaria, joven, quien es Licenciada en Ciencias de la Comunicación, fue reconocida como Premio Municipal de la Juventud hace unos años, Cristina es una joven que creció en Ensenada a causa de la migración de sus padres a los campos agrícolas de Baja California.

Desde temprana edad inició su vida de activista social fungiendo como intérprete traductora de niñas indígenas violentadas en juzgados penales. A los 10 años se integró a la Asociación San Rafael Municipio de Metlatónoc A.C., en  dicho organismo participó de oyente de diversos cursos, talleres y capacitaciones sobre derechos humanos, derechos colectivos de los pueblos indígenas, derechos de la infancia y las juventudes, en esa etapa de su vida contribuyó a un proceso organizativo de las mujeres indígenas comerciantes de la zona turística, desde entonces ejercía su liderazgo con los niños que trabajan en las calles turística, ahí Solano Díaz trabajó como comerciante para aportar a la economía familiar y sus estudios de primaria.

Durante su adolescencia trabajó en los campos agrícolas en las temporadas vacacionales de verano, siempre entusiasta emprendía camino de madrugada y regresar hasta pasada la noche para pagar sus estudios, pues sus padres ya eran de avanzada edad y ella debía aportar siempre su crecimiento personal y estudiantil. Toda su corta y larga vida al mismo tiempo se ha caracterizado en ser ejemplo para quienes la rodean y la han conocido, desde primaria hasta la educación nivel media superior fue una alumna destacada con los mejores promedios y reconocimientos, durante  su estancia como estudiante en la FCAyS (Facultad de Ciencias Administrativas y Sociales) de la UABC (Universidad Autónoma de Baja California) donde cursó la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación, no fue la excepción siempre reconocida y admirada por sus compañeros y maestros por su alto compromiso y reflejo de trabajo en pro de la comunidad.

Entre sus formaciones y experiencias laborales se destacan en el Diplomado para el Mediador Bilingüe Intercultural por la Facultad de Idiomas de la UABC, INALI y la CDI, Programa de Liderazgo para Jóvenes Indígenas por la UDLAP, Jurado Nacional por la Dirección General de Educación Indígena de la SEP, Cursos, talleres y capacitaciones en temas de Derechos Humanos, Derechos de los Pueblos Indígenas, Derechos de la Infancia, las juventudes. Capacitaciones en Materia de Derechos de las Mujeres, Derechos Políticos y Electorales de las Mujeres  Indígenas. Cristina es una ciudadana ampliamente capacitada y con experiencia trabajando con perspectiva de género, intercultural y multilingüe.

Destacan sus experiencias de trabajo en la Asociación San Rafael Municipio de Metlatónoc A.C., Docente de Lenguas Indígenas en la Universidad Autónoma de Baja California, Intérprete Traductora en juzgados civiles y penales, Presidente de la Asociación de Mediadores Bilingües Interculturales A.C., ha sido ponente y congresista en espacios regionales, nacional e internacional. Actualmente es Dirigente Estatal de Mujeres Indígenas del ONMPRI en Baja California. Es miembro de la Red Nacional de Intérpretes Traductores de Lenguas Indígenas, así mismo es Representante de la Red de Intérpretes en la Asamblea Nacional Política de Mujeres Indígenas. Recientemente terminó su labor en la Unidad de Atención a Grupos Indígenas del H. XXII Ayuntamiento de Ensenada, el cual impulsó a través de la Reforma Constitucional en materia de derechos indígenas, así como su reglamentación en Ensenada. Solano Díaz es una mujer comprometida con las mujeres y la comunidad en general.

Por lo que nos enorgullece felicitarla y reconocerla por su trayectoria y trabajo ejemplar para las mujeres mexicanas.

Respetuosamente

Mesa Directiva de la Asociación de  Mediadores Bilingües Interculturales A.C.

Fuente: Blog Diplomado MBI

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Es el país con más muertes por diabetes de Latinoamérica, la población indígena y rural es la más vulnerable a la invasión de los refrescos.
 FOTO/VIDEO: CHRISTIAN PALMA

Guadalupe Sánchez tiene las manos agrietadas de un campesino del maíz y la sangre limpia de azúcar de un ex adicto a la Coca-Cola.

“Yo tomaba unas tres botellas de litro al día. Nada más me despertaba, con las tortillas me tomaba el primer vasito y así seguía por la tarde y por la noche”, dice mientras un remolino de pavos con el gaznate colorado picotea la tierra a la puerta de su casa. La levantó él mismo para su familia: esposa, ocho hijos y siete nietos. Las paredes son de cemento gris y tiene el tejado sin terminar.

— ¿Cómo se sentía bebiendo tanto refresco?

— Tenía mucha flojera. Casi no podía ir a trabajar. Con el calor del campo, pues bebía más coca. Pero empecé a notar que perdía vista y la lengua como que se me iba pa delante.

— ¿Y cómo consiguió dejarlo?

— Es difícil porque todo el mundo te invita. Cuando vas a visitar a alguien te dan un vasito y está feo rechazarlo. Pero el médico me dijo que lo tenía que dejar y me dio unas pastillas. Yo además empecé a masticar una hierba que nosotros llamamos Hoja de burro, que ayuda a no tomar. 

En la comunidad indígena mazahua de San José del Rincón, un pueblo boscoso y húmedo al oeste del Estado de México, hay casas donde no llega el suministro de agua potable, pero en la mesa está fija la botella roja de refresco. A los 47 años, Sánchez ha llegado a tener un nivel 200 de glucosa en sangre: el doble del umbral de riesgo y algo muy frecuente entre sus vecinos.

“Es como un veneno, nos hace mucho daño”, dice Leticia Cruz, 41 años, que vuelve de dar un paseo con sus tres nietos. “Cuando me quedo con ellos porque su mamá sale a trabajar, está prohibida la coca-cola”. Uno de los críos mira a su abuela desde abajo y descascarilla con los dientes una vaina de haba que ha arrancado por el camino.

Sobre todo en niños, estamos encontrando lo que se conoce como la doble carga de la enfermedad: desnutrición y sobrepeso

Desde el Tec de Monterrey, una de las universidades más caras y prestigiosas del país, un grupo de estudiantes de la carrera de Nutrición lleva todo el mes de septiembre visitando la comunidad. Los dedos de José Polo, 18 años, también son ásperos y rugosos de descargar camiones y colocar estanterías en el mercado. Nunca se los habían pinchado para sacarle sangre. Los chicos del Tec tampoco habían agujereado antes una piel tan rocosa. Cambio de aguja. Hace falta otra más afilada. José Polo ha dado 150 de azúcar en sangre.

“Nos estamos encontrando con fuertes niveles de hiperglucemia. Esto es un fiel reflejo de alto consumo de bebidas azucaradas y comida procesada, carente de los nutrientes necesarios”, apunta Yaremi Gutierrez, la profesora que está dirigiendo las visitas. Los mazahuas del Estado de México están abandonando su dieta milenaria basada en legumbres, verduras y hortalizas para pasarse cada vez más a la chatarra. El maridaje entre pobreza, exclusión y comida basura es letal: “Sobre todo en niños, estamos encontrando también lo que se conoce como la doble carga de la enfermedad: desnutrición y sobrepeso”

México vive una epidemia de grasa y azúcar. Siete de cada 10 adultos tiene sobrepeso u obesidad, por uno de cada tres niños. Es el segundo país con más exceso de kilos del mundo, solo por detrás de Estados Unidos. Según la OMS, los mexicanos son los que más refrescos consumen —163 litros al año—  y los que más mueren por diabetes en toda Latinoamérica.

Adicción a la ‘coca-cola’ en el México indígena

“La diabetes antes era una enfermedad rara que afectaba sobre todo a la población con predisposición genética y edad madura. En los últimos 30 años ha habido una explosión brutal de tal manera que en los últimos seis años medio millón de mexicanos murieron a causa de la diabetes”, apunta el doctor del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, Abelardo Ávila. “En este panorama, la población indígena es la más vulnerable y registra unas tasas más altas —continúa Ávila—. Antes la pobreza les protegía porque les obligaba a alimentarse del campo. A partir de 2010 empieza una expansión de las refresqueras, una estrategia de invadir de refrigeradores las comunidades con electricidad y de favorecer las trasferencias de ayudas públicas al consumo de estos alimentos”

En las tiendas de abarrotes que tapizan las carreteras del pueblo, el litro de leche, -cuando hay- cuesta 16 pesos, la botella de tres litros de coca-cola, 35 y la de refresco sin marca, 20. La diabetes puede además desencadenar toda una serie de trastornos como la ceguera –retinopatía diabética–, la insuficiencia renal o el llamado pie de elefante: la glucosa adormece los nervios y uno va perdiendo la sensibilidad en las articulaciones. Esta última derivada se ha traducido en 75.000 amputaciones el año pasado según la asociación El Poder del consumidor.

“Los más grave es que la diabetes es una enfermedad controlable, pero al carecer de acceso a los servicios, esta población está muy expuesta”, añade la profesora del Tec. Un grupo de mujeres ha bajado andando por una colina desde su comunidad hasta el único ambulatorio. Una hora de caminata. El médico no está. Para el hospital más cercano queda otra hora en coche. La diálisis, el tratamiento para la diabetes, no está cubierta por el seguro popular, la asistencia pública para los trabajadores informales como los campesinos. Cada sesión vale entre 2000 y 6000 pesos.

Ildefonso Álvarez lleva dos años trabajando al frente de su asociación, Concreta, con las comunidades: “Aquí llega más fácil la coca-cola que los servicios médicos, de agua potable o de salubridad”. El relator de la ONU sobre el derecho a la alimentación ha llegado a hablar de una cocacolización de los hábitos de consumo en México. “Para 2017, el sistema público necesitará para tratar la diabetes 5.600 millones de dólares al año. Este es el resultado de unas políticas públicas que no han tomado en cuenta la dimensión del grave problema”, dijo Oliver de Schutter en una reciente documental producido por organizaciones civiles en México.

El Gobierno implementó el año pasado una tasa especial sobre las bebidas azucaradas siguiendo el ejemplo de otros países. De momento, ha crecido la recaudación, pero el consumo apenas baja.

En casa de Tomasa Rodriguez e Hilario Cruz no hay agua potable. Son cuatro y compran una garrafa de 20 litros en la tienda cada semana. Llevan años pidiendo al alcalde un pozo, como el que tienen otras comunidades de la zonas. Cruz acaba de salir hace poco del hospital. “Me encontraba muy pesado, casi no podía comer”. Sí bebía refresco, “y cerveza y pulque”, añade su esposa. Tuvieron que hacerle un lavado intestinal por un estreñimiento severo. Le han prohibido los refrescos y el alcohol. Ahora sólo toma agua y Hoja de Burro. En infusión o cruda, el amargor que inunda toda la boca al tomarla es más efectivo que la criptonita.

¿Cuánto azúcar hay en mi refresco?
Además de controles de sangre, los alumnos del Tec también se dedicaron a explicar cuanto azúcar contiene un refresco, midiendo la cantidad con cucharillas de café.  Un bote de coca-cola de 355 ml son 12 cucharillas de azúcar, un jugo Jumex de 450 ml, 17 cucharillas, las mismas que un té helado Lipton de 600 ml. Las empresas llevan tiempo ampliando su oferta con productos menos calóricos.  Desde Coca-Cola México apuntan que, “comprometidos con el desarrollo y bienestar de los mexicanos, este año emprendimos acciones que buscan marcar una diferencia positiva para las próximas generaciones, ofreciendo opciones y porciones en prácticamente todas las tiendas del país donde las personas pueden elegir una opción de nuestro portafolio sin calorías, incluyendo agua saborizada y bebidas sin azúcar, y contamos con un empaque de Coca-Cola original menor a 100 calorías”

 Fuente: El País

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