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Ellas tuvieron la palabra
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Con un fuerte llamado a luchar, organizarse y participar, sobre mil mujeres socias de ANAMURI se dieron cita en Santiago el pasado mes de marzo. En sus historias de vida se conjugan la lucha por la tierra, el trabajo y la vivienda, junto a la necesaria emancipación de un machismo clásico que las afecta y que no distingue pueblos, colores ni territorios. Las acompañamos en el cierre de su Congreso Nacional.
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Por Wladimir PAINEMAL / AZKINTUWE/ ukuMartes 24 de Abril de 2007
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El discurso de Petronila fue todo menos ajustado al libreto. El tema que las convocaba era la soberanía alimentaria, pero ella no desaprovechó su oportunidad. Con encendidas palabras llamó a desenmascarar las políticas del gobierno. Y citando ejemplos emplazó a las asistentes a respaldar la lucha mapuche, a exigir la derogación de la Ley Antiterrorista y la declaración del Lago Lleu-Lleu, amenazado hoy por empresas mineras, como patrimonio natural de los pueblos originarios. La ovación que recibió al finalizar su intervención fue generalizada. “Por eso participo en la organización, porque se que siempre encontraré solidaridad en las luchadoras mujeres de mi país”, señaló desbordando alegría.
Razones tenía para estar contenta. En la declaración final del Congreso, realizado bajo el lema “es tiempo de celebrar, es tiempo de soñar, es tiempo de construir, es tiempo de sembrar, es tiempo de participar, ¡Nosotras tenemos la palabra!”, quedó en pie firme la preocupación de ANAMURI por las acciones del Estado chileno y el empresariado, que “continúan desconociendo el derecho de los pueblos indígenas al territorio y a la autodeterminación, mantienen la usurpación de los territorios ancestrales y aplican políticas de represión injustificables a través de la Ley Antiterrorista y otras normas”. No se quedaron las dirigentas campesinas en la constatación de los hechos. Acto seguido, hicieron un llamado a “luchar por el reconocimiento del derecho de los pueblos indígenas, incluyendo la devolución de sus territorios ancestrales”.
Petronila se veía orgullosa tras leer el tenor de la declaración. Y es que a pesar de la alta presencia de mujeres indígenas en la principal sindical “femenina” del país, no ha sido del todo fácil introducir sus temáticas de pueblo. “Las demandas muchas veces no son las mismas”, nos aclararía en entrevista con Azkintuwe, Florencia Arostica, Presidenta de ANAMURI. “Las mujeres indígenas no están pidiendo que le arreglen la casa o el agua potable, están pidiendo cambio en las políticas de este país”, destacaría (Ver Entrevista). Todo un desafío entonces para delegadas como Petronila, quien logró apoyada por cientos de mujeres indígenas presentes en la Estación Mapocho- plasmar sus demandas en la declaración final del histórico Congreso.
Campesinas, pero mapuches
Petronila pertenece a la organización “Rayen Voigüe”. No fue fácil organizar a las mujeres de su territorio, nos comenta. Una de las dificultades fue romper con cierto modelo “tradicional” que plantea que la mujer debe permanecer en casa, “cuidando al marido y haciendo la comida”. Petronila refleja en su mirada firme aquella primera lucha de emancipación que les tocó enfrentar. Hoy es una activa participante de su organización, respetada y valorada por la claridad y fuerza con que transmite sus ideas. Viajó con varias de sus compañeras, dispuestas a participar, pero también a mostrar y vender lo que producen en su lugar. Son expertas en sobrevivir y en planificar. Desde parar la olla en la casa, hasta convocar Congresos Regionales donde discuten de los nocivos efectos de los cultivos transgénicos.
Petronila nos cuenta que ellas se organizaron primero como mujeres mapuche y a poco andar se asociaron con la red nacional de ANAMURI. “Nos gusta participar en ANAMURI, toda la organización mía participa, no por voluntades individuales, sino porque pensamos que -como es una organización nacional- va a darle más peso a nuestra palabra y a nuestras propuestas. Las mismas mujeres a veces no nos creemos el cuento de organizarnos, nos cuesta dar ese paso. Debemos hacerlo pienso yo, organizarnos por nuestro pueblo o por último por recuperar nuestra cultura y mantenerla, porque en mi comunidad al menos la cultura está casi perdida y eso es triste para uno”, relata. La participación de estas mujeres en organizaciones campesinas nacionales no ha estado exenta de complicaciones.
Petronila sorprende por su fuerza y por aquella sonrisa a flor de piel que difícilmente puede borrar de su rostro. Incluso cuando emplaza a la presidenta Bachelet y sus políticas de represión contra comunidades y dirigentes tradicionales. Petronila sabe de todo eso. No porque se lo hayan contado o lo haya visto por televisión. Basta decir que proviene de Cañete, la zona que el Ministerio del Interior decidió militarizar desde enero pasado para “prevenir ataques de mapuches”, tal como señaló muy suelto de cuerpo el Subsecretario Felipe Harboe. “Yo le pido a la presidenta y al Estado que no nos sigan llamando terroristas”, demanda Petronila. “Esperamos que mejor acoja nuestra peticiones como pueblo indígena y que nos respete, por eso estamos acá, para que nos escuchen”, nos dice.
Buscando otras voces en el Congreso nos encontramos con Eliana Catalán, delegada de la IX Región en representación de la organización de mujeres Weichafe Zomo. Para esta dirigenta, el tema mapuche debe salir del círculo casi cerrado donde da vueltas y comenzar a incorporar nuevas demandas relacionadas con aspectos más de fondo y que afectan a todos los habitantes del país por igual. “Nosotros tenemos que estar en todas las instancias de los pueblos indígenas y también de los no indígenas. Todo lo que se planteó en este Congreso son temas transversales a nuestros pueblos, no importa si eres mapuche, aymara o chilena, aquí se denunciaron situaciones que nos afectan sin distinción. Esto es parte de un sistema económico neoliberal y ante eso debemos tener claridad”, señala enfática.
De allí su satisfacción por las declaración final. Considera que se incorporaron elementos que para ella son sumamente importantes, como por ejemplo, la demanda por cambiar el sistema económico neoliberal, la derogación del sistema binominal de elecciones, además de una serie de demandas y reivindicaciones más locales y propias de las campesinas del país. Eliana se declara conforme también con la masiva participación de las delegaciones y en especial, con la “buena relación existente entre mujeres indígenas y no indígenas”. No fue casual la alta convocatoria lograda en Santiago, que incluyó representantes de Argentina, Brasil, Haití, India, Paraguay, Perú, Suecia y Uruguay. Se trató más bien del resultado de un amplio proceso de debate iniciado en abril de 2006 y que implicó la realización de numerosos encuentros locales, comunales, provinciales y regionales.
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